Cholo soy y no me complazcas Jueves, 27 agosto 2015

Este libro ‘humorístico’ de Bill Cosby sobre las mujeres, el amor, el sexo y la familia te parecerá terrorífico si lo lees hoy día

Hernán Migoya

Escritor y guionista español. Ya está a la venta su nueva novela, "La flor de la limeña" (Planeta Perú).
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Se camufla bien, el muy vivo…

“En este libro compartiré con usted mis estudios de toda la vida sobre las mujeres y el amor”. Así de aterrador comienza, queridos feligreses, el ambicioso libro LOVE AND MARRIAGE, ladinamente retitulado en su versión en español como “Cásate y verás”, un supuestamente inofensivo ensayo escrito en 1989 por ese comediante querido hasta hace poco por toda la gente de bien, llamado Bill Cosby, y que en castellano está disponible en su edición de 1996 publicada por Ediciones B.

Pero lejos de narcotizarnos con su perorata escrita, como era de prever, el libro supone un despierto repaso a la vida y los amoríos adolescentes de Cosby, hasta llegar a su amor verdadero, la celestial Camille: el tradicional y tradicionalista cómico nos cuenta en sus páginas cuál ha sido su secreto para llevar ya más de veinticinco años (en la actualidad más de cincuenta) casado con su paciente esposa.

He compendiado algunos de los mejores y más inspiradores párrafos del libro para que ustedes, ovejas descarriadas, lean y aprendan cómo han de llevar una vida hogareña ordenada y desbordante de dicha, respeto y comprensión entre ambos cónyuges.

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Un poco siniestro, ¿no?

Un niño mañoso

Nacido en 1937, Bill Cosby fue, según sus palabras, un niño “con los músculos en directa, la mente en primera y las glándulas en punto muerto. (…) Yo nunca pensé en llevar a ninguna chica a la posición horizontal… sólo en ponerla patas arriba de un puñetazo si se acercaban por el terreno de juego.” Tremenda confesión que da mucho que pensar, ¿verdad, amigos?

Su primera atracción por el mundo femenino y la primera tentación de la carne la sintió viendo la película El forajido (1943), con una voluptuosa Jane Russell provocando toneladas de lava hirviendo en el público masculino. Sin embargo, él se reitera como un hombre de provecho que, desde los 20 años, “pagaba galantemente la factura del restaurante cada vez que invitaba a cenar a una mujer”.

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La culpable de todo…

Cosby, con esa cercanía que lo ha hecho tan querido en todo el mundo y también de paso multimillonario, reconoce que para él, la base del amor es “engañarse a uno mismo”. Su concepto de la mujer resulta un poco conservador, por decirlo elegantemente: en su defensa alega que, en los años 40, “una mujer liberada era aquella que acababa de salir de la cárcel”. Y que las niñas le producían aprensión: “Las chicas son realmente repugnantes. No voy a pegar a ninguna más”, le contaba a uno de sus amigos de infancia, para añadir que “(yo) jamás había roto corazones, sólo rasgaba pieles”; o que para él “una chica era un ser humano sólo a título honorífico”.

¿Se adivinaba ya en estas declaraciones al gran humanista que estaba por venir?

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Mirando el vestido levantado.

“Empapándolas a todas”

En este libro muy recomendable -al menos eso se creía hace un cuarto de siglo- para toda la familia, Bill Cosby relata cómo a los doce años conoció a una niña de su clase que se lo enseñó todo: “Y entonces ella hizo lo más encantador: se levantó el vestido”. Y a continuación “nos restregamos el uno contra el otro durante un rato”.

También se explaya sobre un tipo de baile adolescente, bautizado por él como “rock y roza” en contraposición al rock’n’roll, que consistía en bailar con jovencitas lo más pegado posible: “El baile constituía un auténtico viaje a la Luna si la muchacha te ofrecía a la vez un poco de su pelvis y algo de rodilla”. Lo hacían además siguiendo los sempiternos acordes de la misma canción: la poco adecuada Crying in the chapel (“Llorando en la capilla”). “Era exactamente lo mismo que buscar un polvo con el Ave María”.

Cosby confiesa que fue un joven algo confundido y travieso, aunque lo achaca a que su escuela era sólo para chicos: “Entré en la adolescencia revoloteando de chica en chica y empapándolas a todas mientras me preguntaba cuál de ellas se convertiría en mi amor definitivo”. Finalmente se hace una pregunta clave en el paso de la frivolidad a la madurez cristiana: “¿Deseaba un hogar y una familia o cincuenta años de buenos apretujones?”. Para concluir al enamorarse de veras: “Tal vez todas las demás han sido sólo un entrenamiento”.

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Con su esposa Camille y su hija Erika. 

Un amor único y verdadero para toda la vida

Pese a conceder que “siempre había tenido un don natural para divertir a las mujeres”, Cosby aprende que “no son simplemente hombres que pueden tener niños”. Se da cuenta de ello durante el período en que empieza a triunfar como cómico de escenario, “intentando ser tan divertido como me habían encontrado las mujeres cuando las perseguía”.

Y entonces, al fin, conoce a Camille, su compañera de medio siglo: “De repente, supe que no importaba lo intensamente que hubiera acosado a las otras chicas, nunca antes había estado enamorado, sólo encaprichado o en celo”.

El amor de Camille le hizo ir por el camino recto, pues le prometía “infinitamente más que un apretujón ocasional, un muslo para ciertas ocasiones o un colapso en la circulación”. Y tamaño amor ha perdurado cinco décadas, pese a que también le llegó ese momento temido de la rutina sexual, en el que “ella, por supuesto, quiere que escale cualquier cosa menos su cuerpo”. Y también les hizo sobrellevar infinitas discusiones, aunque “a veces el combate lleva a una conferencia de paz que resulta sexualmente deliciosa”.

Como en todo matrimonio, hay asimismo momentos para los reproches conyugales: “A veces me tienes demasiado seguro, ¿sabes? Hay muchas otras mujeres que me tuvieron y nunca me enviaron al suelo”, protesta Bill de cuando en cuando. Esos desencuentros le llevaron a pensar si el sagrado vínculo no sería “un estado innatural para los seres humanos”.

Al final, ese ser humano que se ha colocado como ejemplo a seguir para varias generaciones de estadounidenses, afirma que “estoy seguro de que poseo uno de los mejores matrimonios de Norteamérica y, con todo, el desafío de mantener su éxito nunca disminuye”. También le recrimina algunas cosas al género femenino: “No es nada personal, es simplemente que las mujeres no confían en la gente del otro sexo”. ¡Noooooo! Pero, ¿cómo no confiar en alguien tan amable, encantador y afectuoso como Bill Cosby? Eso es lo que nos preguntamos todos. Él dice que es así porque “siempre he creído estar perfectamente compenetrado con mis sentimientos, uno de los cuales es la urgencia de poner de patitas en la calle a la próxima mujer que me diga que no lo estoy”.

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Las presuntas víctimas de Bill Cosby no hablan en su libro…

 

“Tú no eres como yo, ¿verdad?… Tal vez tenga que matarte”

Finalmente, Bill Cosby nos confía cuál es el secreto de la perdurabilidad y felicidad de su enlace: “Camille y yo hemos sido capaces de mantener el misterio dentro de nuestro matrimonio, una cualidad que los manuales al uso consideran importante”. ¡Misterioso debe ser un cuanto!

El “equilibrio familiar” ha hecho que hoy Bill Cosby sea un orgulloso padre de cuatro hijas, “la más preciosa colección que pueda poseer un hombre. (…) Cada vez que un joven ha venido a mi casa por una de mis hijas, he deseado llevarle aparte y decirle: ‘Tú no eres como yo, ¿verdad? Si lo eres, ya sé lo que quieres… (…) Tal vez tenga que matarte, pero no será nada personal”.

Según las propias páginas escritas por él, Cosby es un padre ejemplar que aconseja a sus muchachas sobre el amor y sus enamorados: “Ahora lo que tienes que decidir es esto: ¿Esto es un entrenamiento con vistas al matrimonio, o es Larry la persona a quien realmente quieres?”.

En la familia Cosby, cuando alguien sufre un desengaño, amenaza con venirse acá, a este país. Dice la hija al quedarse sin enamorado: “Necesitaré cambiarme las tarjetas. Me voy a Perú”. Y replica su papá al darse cuenta de que está fracasando en sus consejos: “El que se va a largar a Perú soy yo”.

 

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La edición española.

Conclusiones

Bill Cosby se considera un buen esposo, pese a advertir de que “uno nunca sabe cuándo debe morder, soplar, besar, patalear o rascar -dije-. Las mujeres deberían venir con un folleto de instrucciones”. Su esposa no está conforme con todas las cualidades de él, pero confirma que “tú eres una de las personas que mejores manos tiene”. Asu.

Para terminar este aleccionador libro que debería estar en todas las escuelas subvencionadas por la Iglesia por cuestión de coherencia interna, Bill Cosby define así la vida en común de hombre y mujer: “Un par de alas y una oración, ésa es la esencia del matrimonio”.

Y ahora alcemos todos los brazos y demos gracias al Señor por su sabiduría al haber traído al mundo una persona tan honesta, generosa y comprensiva con la naturaleza humana como Bill Cosby.

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Hernán Migoya

Escritor y guionista español. Ya está a la venta su nueva novela, "La flor de la limeña" (Planeta Perú).