Cholo soy y no me complazcas Lunes, 26 mayo 2014

“Papá, ¿quién juega este sábado en España?” – La final de la Champions analizada por un inexperto

Hernán Migoya

Escritor y guionista español. Ya está a la venta su nueva novela, "La flor de la limeña" (Planeta Perú).

Champions

La semana pasada recibí, junto a muchos otros españoles más que residen en Lima, una invitación de la Embajada Española para ver en su Residencia de Barranco “el partido de la final de la Champions”. El correo daba por hecho que yo ya sabía de qué partido se trataba.

Encantado de la amabilidad y bonito detalle de mi Embajada, me apresuré a aceptar la invitación, aunque no tenía ni la más mínima idea de qué equipos se enfrentaban en esa final ni de qué se trata “la Champions”. Pero seguro que podría conocer en esa reunión a algún o alguna compatriota interesante, como de hecho ocurrió.

Así que unos días antes, con el fin de evitar hacer el ridículo en la Residencia de la Embajada y presentarme allí sin saber quién jugaba (ni qué se jugaba), llamé a mi padre por Skype, al teléfono fijo de su departamento en Barcelona, para preguntarle.

Mi padre es muy divertido, un carpintero jubilado profundamente comunista y de derechas. La conversación fue más o menos como sigue, un poco accidentada porque mi padre no sabe hablar por teléfono: sitúa el auricular a un metro de la boca y le grita, luego arrima la oreja para escuchar la respuesta… y durante toda la charla, el aparato parece que le queme en las manos hasta que logra colgar y respirar aliviado. Dudo que en su vida haya sostenido un celular, mucho menos hablado por él. Bueno, no lo dudo: estoy seguro de que no lo ha hecho.

-Papá, ¿qué tal?

-¿Qué quieres?

-Nada, todo bien. Oye, me han invitado de la Embajada a ver un partido de la nosequé Champions en una pantalla gigante.

-Sí, el sábado.

-¿Quién juega?

-¿Quién coño va a jugar? ¡El Madrid y el Atlético!

-¿El Atlético de Madrid? Ah, vale, por eso sale su entrenador por todos lados.

-Sale mucho porque ganaron la Liga.

-¿Han ganado la Liga? Joder, qué guay. Por cierto, ¿quién entrena ahora al Real? ¿Y en la Champions qué se juegan…?

Aquí ya mi padre me colgó, harto de mí y del teléfono. No me quedó más remedio que consultar la Wikipedia.

Así que el sábado pude acudir a la dependencia de la Embajada sabiendo quiénes y por qué jugaban. Un policía a la entrada me indicó dónde podía comprar cigarrillos, compañeros ineludibles en una reunión de españoles. También tenía la secreta esperanza de que dentro nos ofrecieran tacos de tortilla de patatas y un tinto para remojarlo, pero en lugar de eso nos sirvieron pizzas y cerveza de barril: lo cual tampoco estuvo nada mal, visto el abundante número de personas allí congregadas.

Frente a la pantalla subrayada con una bandera española recién desdoblada, nos congregamos unos doscientos compatriotas sobre un césped al aire libre. Casi todos eran madrileños, fáciles de distinguir porque los hombres llevan jerseys echados sobre los hombros y las mujeres llevan falda.

Yo no tenía ni idea de qué jugadores había en cada equipo: hacía cuatro años que no veía un partido de fútbol, desde la Final del Mundial 2010, que vi justamente en Lima.

Dispuesto a disfrutar del espectáculo, me atrincheré e hice fuerte cerca del surtidor de cerveza, junto a mi mejor amiga española aquí, Laura Alzubide, que es más fan del baloncesto pero también sabe algo más de fútbol que yo, por lo que me estuvo instruyendo durante toda la retransmisión.

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(Foto del ABC de Sevilla.)

Lo primero que me llamó la atención fue un tal Pepe, un jugador que se parece un huevo al Tyrion de Juego de tronos.

cult-game-of-thrones-tyrion

También me sorprendió que las prórrogas siguiesen dividiéndose en dos partes de quince minutos. Y sobre todo, me asombró que las tarjetas amarillas y rojas sean todavía “cartulinas”, y no módulos electrónicos que toman una foto de la cara de pasmo del jugador que ha cometido la infracción al ser mostradas ante ellos. ¡Y los árbitros todavía escriben a mano en una libretita! Qué atrasado está el fútbol, la verdad…

Lo que más me gustó fue la narración locutada de los conductores argentinos. Los argentinos son realmente unos poetas: la precisión de su vocabulario, el ritmo perfecto de dosificación de las palabras, las codas que rematan con excelsitud de contradanza el comentario… ¡Parece que tengan escrito el libreto antes de retransmitirlo! “No hace falta elegancia”, recuerdo que dijo uno de ellos sobre el juego de un ya desesperado Atlético. Cada frase de ésas debería formar parte de un libro de poemas. Yo lo compraría.

Entre los presentes había infiltrado algún fan del Atlético de Madrid, pero a la hora de la verdad, cuando empezaron a meter los blancos, casi todo el mundo allí concentrado rugió de contento, sacando a relucir su corazón merengue. Varios vikingos se pusieron a celebrar juntos. Siempre he pensado que gracias al fútbol en España no ha habido otra Guerra Civil. Por eso rezo para que no decaiga su popularidad.

Yo prefería que ganase el Atlético, lo confieso, por aquello de terminar de romper el tradicional bipartidismo instaurado entre realistas y azulgranas… hasta que Cristiano Ronaldo metió el penalti y se sacó la camiseta. La parte asexuada en mí se alteró ante la belleza de semejante dios grecorromano. “Voy a tener que hacerme aprista”, pensé. Una amiga mía catalana me dijo una vez que lo de Ronaldo era pura producción, que en realidad había sido un chico muy feo pero que ganaba tanta plata que se había permitido el lujo de ponerse la cara y el cuerpo que quisiera y por eso ahora era tan guapo.

“Entonces Messi debe ser paupérrimo”, pensé, pero no le dije nada a mi amiga, porque ella tampoco es millonaria…

Por cierto, no vi un solo catalán en aquella reunión. ¿Sería yo el único representante de Barcelona?

Luego me volví a casa contento, porque recordé que mi padre era del Real Madrid.

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Escritor y guionista español. Ya está a la venta su nueva novela, "La flor de la limeña" (Planeta Perú).
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