Cholo soy y no me complazcas , literatura , noticias , sexo Sábado, 3 junio 2017

En el universo de esta escritora gringa la Bella Durmiente despierta al ser violada por el Príncipe Azul y es forzada a ser su esclava sexual

Hernán Migoya

Escritor español. Autor del best-seller "Todas putas" y guionista de “Plagio”, primera novela gráfica europea situada en el Perú. También es autor del ensayo erótico "50 peruanas de bandera", coguionista del biocómic "Señorita Laura" (Premio Luces 2015) y acaba de lanzar su nueva novela, "La flor de la limeña" (Planeta Perú).

Título original: ¿Y si la Bella Durmiente despertara al ser violada por el Príncipe Azul y fuera forzada a convertirse en su esclava sexual?: el universo sadomaso de Anne Rice.

Imagen: ebook.bike.com

Imagen: ebook.bike.com

La cultura de ocio estadounidense actual le debe a Anne Rice mucho más de lo que se le reconoce. Toda la saga Crepúsculo y derivados escritos para hacer vibrar el corazón y alterar las feromonas de millones de adolescentes beben descaradamente de sus Crónicas vampíricas, la saga literaria que creara en 1976 con Entrevista con el vampiro y que ya supera los diez títulos; y 50 sombras de Grey y sus imitaciones sadomasoquistas también le deben un cuanto a sus obras eróticas, escritas con inusitado impudor desde hace varias décadas.

¿Por qué Anne Rice no es más conocida y omnipresente mediáticamente, como sería de justicia, y todavía se la considera, sobre todo fuera de los USA, como una autora “de culto”?

Por dos motivos: el primero, por machismo, claro. A finales de los años 70 e inicios de los 80, era una opción en la literatura de horror (muy) alternativa a Stephen King, quien por su parte ha pasado de ser un autor de best-sellers, cuya defensa pública te hacía merecedor de incontables insultos si confesabas que te gustaban sus libros…, a todo lo contrario: arriesgado decir hoy que el entrañable Rey del Terror tiene libros muy malos, como Misery, de cuya excelente premisa el gran guionista William Goldman sacó todo lo aprovechable, mejorando la estructura y burda factura para su adaptación cinematográfica (como jugó a decir que hizo con su deliciosa La princesa prometida, ya puestos a hablar de princesas literarias), o el improvisadísimo serial La milla verde.

Ay, el poder de la nostalgia por los éxitos comerciales de nuestros años mozos termina siendo la vara de medir de todas las jerarquías culturales.

Capaz también de lo mejor y lo peor, como el propio King, la estadounidense Anne Rice, seguramente por ser mujer, siempre fue encajonada en un plano mediático mucho más secundario, pese a su éxito de ventas entre un sector de público menos “visible” por aquel entonces. Y porque como esa otra gran reina de la novela gótica hoy semiolvidada, Daphne du Maurier (quien se volverá a poner de moda sin duda con el estreno de la inminente Mi prima Rachel), Rice asimila asimismo géneros tradicionalmente menospreciados por “femeninos”, como la novela romántica, y los lleva a su terreno plagado de tenebrosidad y perversión.

La más célebre creación de Rice, el vampiro Lestat, encarnado por un Tom Cruise ávido de morder a Brad Pitt en Entrevista con el vampiro (1994), el magnífico filme de Neil Jordan. (Imagen: nuitsamericaines.canalblog.com)

La más célebre creación de Rice, el vampiro Lestat, encarnado por un Tom Cruise ávido de morder a Brad Pitt en Entrevista con el vampiro (1994), el magnífico filme de Neil Jordan. Imagen: nuitsamericaines.canalblog.com

El segundo motivo es que sus libros contienen una fuerte carga sexual y homoerótica, incluidos los de su saga vampírica, lo que siempre ha supuesto un sólido obstáculo para consumar su fluida reconversión a carne de Hollywood o de TV. De hecho, ella reactualizó el mito del vampiro cool y andrógino extrayéndolo de su propia matriz: la considerada históricamente primera novela de vampiros, The vampyre (1819) de Polidori.

Las criaturas inmortales de Rice nos remiten a los cortesanos hedonistas del siglo XVIII, exhibiendo su bisexualidad sin complejos e inclinados decididamente hacia los placeres terrenales. Buf, ¡casi todos los vampiros televisivos, cinematográficos y literarios de hoy proceden de ese concepto!

Pero donde Anne Rice no se corta un pelo es escribiendo novela erótica. Aunque yo la denominaría pornografía pura y dura.

La reina del terror, Anne Rice. Imagen: quantumbooks.com

La reina del terror, Anne Rice. Imagen: quantumbooks.com

El rapto de la Bella Durmiente

Rice, que hoy es una hermosa viuda de 75 añitos, escribió diversos trabajos eróticos durante la década de los 80 sirviéndose de dos pseudónimos, Anne Rampling y A.N. Roquelaure. Este último lo empleó para su Trilogía de la Bella Durmiente (ahora tetralogía, debido a un nuevo volumen añadido tres décadas después, en 2015).

En esta saga S/M, la escritora de Nueva Orleans imagina que Bella es una princesita que, tras cien años perdida en el reino de Orfeo, despierta a resultas de una violación, efectuada por un bello príncipe mientras ella reposa inconsciente. 

Más tarde el tiránico varón, procedente de un reino superior al de ella -pues hasta los padres de la princesa le rinden vasallaje-, la adopta como esclava sexual y conduce desnuda a su reino para someterla a toda suerte de terribles vejaciones, descritas con absoluto detalle y que perturbarán a todo tipo de lector. Cuando la azotan en público, por ejemplo, los lugareños opinan:

«—Dudo que la pobre princesa hiciera algo para merecer esto.

—No mucho —dijo un hombre próximo a ella—. Aparte de tener el trasero más hermoso y gracioso que se pueda imaginar».

Anne Rice no se conforma con un beso para que su príncipe despierte a la Bella Durmiente, como sí sucede en la versión Disney de 1959. Imagen: sgliput.wordpresss.com

Anne Rice no se conforma con un beso para que su príncipe despierte a la Bella Durmiente, como sí sucede en la versión Disney de 1959. Imagen: sgliput.wordpresss.com

El príncipe pretende con sus castigos, consistentes en continuos apaleamientos cuyo único límite es la aparición de sangre o marcas permanentes en la piel, que ella sea una mascota obediente y termine disfrutando su humillada posición, consistente en caminar desnuda a cuatro patas o realizar casi todas las órdenes recibidas con la sola ayuda de la boca, así como tolerar azotes continuos y excitaciones en sus zonas erógenas que no tiene derecho a culminar:

“—Sois mi gatito —se rio jovialmente—. Os prohibiría todas esas lágrimas si no fueran tan hermosas”.

En el reino de su torturador, la protagonista descubre que esa sumisión ocupa un período que, como el servicio militar obligatorio, todos los príncipes y princesas que guardan obediencia deben “cumplir” durante un tiempo indeterminado, antes de regresar a sus respectivas patrias: incluso sospecha entonces que sus propios padres también pasaron por esa ordalía.

La imaginería visual que acompañó las obras del Marqués de Sade reflejan perfectamente el contenido de la propuesta de Anne Rice. Imagen: quarterbooks.files.wordpress.com

La imaginería visual que acompañó las obras del Marqués de Sade reflejan perfectamente el contenido de la propuesta de Anne Rice. Imagen: quarterbooks.files.wordpress.com

Porno para todos los gustos… o para ninguno

El mayor reto moral y de aguante psicológico a nuestros ojos que propone la primera entrega de la tetralogía es averiguar hasta qué punto Bella aceptará su situación de anulación como persona.

Resulta desconcertante verla enamorarse sucesivamente de hasta tres príncipes seguidos (su amo; su igual como esclavo; y otro más que ha sufrido el mayor castigo), y cómo la aleccionan para que disfrute siendo torturada… y cómo a veces llega a disfrutar.

Así, abundan los momentos en que se siente orgullosa de complacer al terrible heredero del reino principal, por ejemplo, mientras le efectúa una felación:

“De pronto pudo advertir que él padecia por la necesidad, y esto la hizo sentirse orgullosa; en ella surgió, incluso en su desamparo, un sentimiento de poder”.

Por su parte, los príncipes esclavos están obligados a caminar siempre con su pene erecto, lo que a ojos de Bella los hace “más vulnerables y serviles que las muchachas”, observación que realizó mientras unos nobles “palpaban la carne más tierna que rodeaba su ano”. Hombres y mujeres ejercen y reciben violencia por igual en esta cruda propuesta basada en el folclore popular. La reina madre, por ejemplo, se jacta de gozar más cuando golpea y azota con su mano desnuda a cualquiera de sus esclavos.

La pornografía homosexual que aliña las páginas de El rapto… también resulta a veces sumamente cruel, como este implacable empalamiento sobre una estatua de piedra al único personaje agradable de la primera entrega, el sereno príncipe Alexi:

“En aquel instante estaban clavando al príncipe Alexi en este falo, con las piernas separadas sobre el pedestal de la estatua. (…) Soltó otro gemido cuando el falo lo empaló, y luego se quedó quieto mientras el escudero Félix le ligaba las manos a la espalda. (…) El escudero colocaba en ese instante la cabeza del príncipe Alexi sobre el hombro de la estatua, justo debajo de la mano de piedra, y a través de ésta colocó un falo de cuero que dobló para que se ajustara perfectamente dentro de la boca del príncipe Alexi. De este modo, amarrado a la estatua, parecía que ésta lo violaba por el ano y por la boca. Además, su propio órgano, tan tieso como antes, permanecía extendido y duro mientras el falo de la estatua seguía en su interior. (…) El escudero se acercó al príncipe Alexi y, rodeándole la cadera con los brazos, introdujo el miembro erecto en su boca y empezó a chuparlo. Bella estaba fuera de sí, llena de frustración y rabia. Esto era precisamente lo que ella pretendía hacer”.

Anne Rice con look muy dominátrix. Imagen: amsaw.org

Anne Rice con look muy dominátrix. Imagen: amsaw.org

Polémica lectura

La novela —de la que en librerías peruanas se pueden encontrar ejemplares impresos en Argentina e importados por Heraldos Negros de una reciente reedición de Ediciones B para su colección Zeta Bolsillo— resulta, poco más de treinta años después de haber sido escrita, una bofetada en la cara de la sensibilidad lectora de hoy:

básicamente, porque en su desfile de atrocidades físicas, psicológicas y sexuales no hay ápice de denuncia, en un mundo actual en el que casi todo es denuncia.

La novela entronca sin traumas ni posicionamiento moral en la tradición de la literatura libertina francesa del siglo XIX y encuentra en el Marqués de Sade, sin duda, una intimidante fuente de inspiración, pues el objetivo de la vejación ejercida sobre la protagonista es que esta termine aceptando su destino e incluso lo desee, hasta desarrollar un fuerte síndrome de Estocolmo en ese reino de fantasía.

Anne Rice escribió su trilogía en una década en que el feminismo más ortodoxo consideraba la pornografía como fenómeno exclusivamente machista, donde la mujer era utilizada como un objeto de placer; pero ella opinaba que, al contrario, la mujer debía apropiarse de la pornografía y cultivarla imponiendo sus propias condiciones y parámetros, para arrebatarla de las constantes y obsesiones masculinas.

En ese sentido, esta obra deriva también de la evidente tendencia que se dio en los años 70, aprovechando la plena permisividad erótica en el cine comercial, hacia una abundante oferta de películas sexploitation centradas en la sumisión, y que llegaron a conformar todo un subgénero, casi siempre relacionado con el turbio trasfondo del nazismo (como en el más representativo de esos filmes: Ilsa, la loba de las SS). Pero se agradece que Rice obvie las referencias al contexto nazi y sitúe su propuesta en un mundo irreal.

¡En un mundo real resultaría demasiado insoportable!

Con todo, resulta interesante leer esta tetralogía intercalándola con el visionado de uno de los filmes recientes que mejor ha explorado el tema del indeseable magnetismo que ejercen el dominio y la sumisión en el ser humano y que es, cómo no, de factura alemana: Das Experiment, no por casualidad es un fabuloso trabajo del mismo realizador de Der Untergang, la celebrada recreación de los últimos días de Hitler.

Eso sí: va a ser complicado que alguien se atreva a adaptar fielmente la saga de la Bella Durmiente de Anne Rice a cine o a televisión…

La autora junto a su apuesto hijo Christopher, también escritor, y cuya homosexualidad (entre otros motivos) la han convertido en una ferviente defensora pública de la causa LGTBI. Imagen: thebigthrill.org

La autora junto a su apuesto hijo Christopher, también escritor, y cuya homosexualidad (entre otros motivos) la han convertido en una ferviente defensora pública de la causa LGTBI. Imagen: thebigthrill.org

Hernán Migoya

Escritor español. Autor del best-seller "Todas putas" y guionista de “Plagio”, primera novela gráfica europea situada en el Perú. También es autor del ensayo erótico "50 peruanas de bandera", coguionista del biocómic "Señorita Laura" (Premio Luces 2015) y acaba de lanzar su nueva novela, "La flor de la limeña" (Planeta Perú).