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Si ves ‘El monstruo de Armendáriz’, no desearás pisar un juzgado en lo que te quede de vida

Hernán Migoya

Escritor español. Autor del best-seller "Todas putas" y guionista de “Plagio”, primera novela gráfica europea situada en el Perú. También es autor del ensayo erótico "50 peruanas de bandera", coguionista del biocómic "Señorita Laura" (Premio Luces 2015) y acaba de lanzar su nueva novela, "La flor de la limeña" (Planeta Perú).

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Resulta una verdadera pena que la pieza teatral ‘El monstruo de Armendáriz‘ haya sido exhibida apenas unos pocos días, del pasado 23 al 27 de marzo en el LUM (Lugar de la Memoria, la Tolerancia y la Inclusión Social) de Lima, porque es de esas obras que muchos ciudadanos deberían ver. Y muchos jueces también.

La obra nace como iniciativa de la Facultad de Derecho de la PUCP y se realizó para recaudar fondos con los que sus alumnos puedan participar en la competencia internacional de arbitraje MOOT Madrid 2017, pero debería ser urgentemente repuesta para quitar vendas de los ojos y sacudir conciencias en las molleras. El reparto está casi enteramente conformado por abogados, lo que le confiere todavía mayor mérito -e ironía- al asunto.

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Imagen: www.elcomercio.pe

Miedo a las togas

El monstruo de Armendáriz‘ ha sido escrita por Sebastián Eddowes Malcolm Malca con la colaboración de Alfredo Bullard, y la dirección corrió a cargo del segundo de ellos.

La historia real en la que se basa esta interesante recreación es bien conocida, un juicio orquestado por conveniencia contra un probable ratero llamado Jorge Villanueva Torres, al que se le acusó sin pruebas de la violación y asesinato de un niño de tres años en la década de los 50.

La representación ha tomado cierta relevancia mediática debido a que también supone el estreno como actor teatral del conocido abogado Enrique Ghersi.

La obra recuerda mucho a la premisa (ficcional) de “Matar a un ruiseñor“, el best-seller literario de la alabamiense Harper Lee, pero lo que narra sucedió en Lima hace tan solo seis décadas.

Esta puesta en escena avanza sobre tres ejes:

  • la alianza del poder y la justicia para manipular a la masa social y mantenerla obediente y sumisa;
  • el racismo y clasismo flagrantes que influyen en la opinión pública y en las decisiones judiciales;
  • y, para mí como espectador, tal vez lo más novedoso: la pintura, creo que bastante conseguida e inteligente, de los cimientos morales y de gestión interna que pusieron en marcha una organización como el APRA y el modo diáfano en que expone con qué facilidad un partido político puede llegar a acostarse con los principios autoritarios que afirmaba combatir:

lo del APRA con el poder no es amor, es pura lujuria.

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El verdadero Jorge Villanueva: nunca tuvo una oportunidad. Imagen: www.murderpedia.org

Una historia para perder el juicio

Como siempre suele suceder en este tipo de planteamientos, el espectador siente su corazón encogido al ponerlo en el lugar de la persona arbitrariamente acusada. Durante la obra se sufre enormemente por el atroz destino del pobre reo: de hecho -lo que no deja de ser una broma cruel-, el pueblo que no sufrió con el reo real hace sesenta años -más bien pedía su cabeza servida en bandeja- sufre ahora viendo su representación en la piel de un convincente Herbert Corimanya… 

En cuanto a la obra en sí, técnicamente me parece competente: el juego de enfrentar también al juez contra nuestras miradas funciona muy bien (la escenografía de Eduardo Camino es concisa y eficaz en este sentido) y el guion no peca de sentimentalismo ni facilismo maniqueo.

Además, tiene sentido del humor, a veces un poco excesivo -“Ya verán cuando lleguemos al poder”, ese canto de esperanza que celebra el veterano abogado aprista, resulta un chiste, más que fácil, tal vez inapropiado en el contexto dramático, aunque entiendo que supone una tentación demasiado poderosa como para no caer en ella-, pero en suma muy de agradecer y que pone en evidencia la intención no manipuladora por parte de los dramaturgos.

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El elenco de “El monstruo de Armendáriz”. Imagen: www.elcomercio.pe

Respecto a los actores, hay de todo: digamos que al principio, mientras calientan motores con el desarrollo dramático, pueden atorarse un poco o pisar sin querer a sus interlocutores, pero parece como si ellos también entraran en la historia a la misma velocidad que el público y una vez encarrilados y metidos en la harina del “juicio a Villanueva” en sí, funcionan y resuelven con notable sincronía.

Ghersi está muy gracioso en su papel de “perro viejo” y corrupto de la abogacía, mientras que Jean Pierre Baca parece al inicio tan nervioso y envarado como debía estarlo su personaje en las circunstancias descritas: sería bueno que se hubiera recreado más en la tesitura con la que le toca apechugar, al fin y al cabo el abogado inexperto y joven es siempre el héroe de la función: sobresaliente, eso sí, su discurso final, durante el que pone toda la carne en el asador.

A destacar también al abogado-actor Christian Ojeda como el testigo perjuro Ulderico Salazar: siempre que aparece en escena, todo el conjunto de intérpretes encaja y avanza exitosamente sobre un fino riel entre la tragedia y la comedia.

Espero de veras que esta obra se vuelva a representar: sería bueno que todo este esfuerzo creativo alumbrara una gira por distritos y provincias a un precio más popular, para que todos los ciudadanos peruanos puedan ver quiénes y cómo se manejan los maquiavélicos hilos del poder.

Hernán Migoya

Escritor español. Autor del best-seller "Todas putas" y guionista de “Plagio”, primera novela gráfica europea situada en el Perú. También es autor del ensayo erótico "50 peruanas de bandera", coguionista del biocómic "Señorita Laura" (Premio Luces 2015) y acaba de lanzar su nueva novela, "La flor de la limeña" (Planeta Perú).