Cholo soy y no me complazcas Viernes, 3 febrero 2017

5 libros tan duros y políticamente incorrectos que te asombrarán

Hernán Migoya

Escritor español. Autor del best-seller "Todas putas" y guionista de “Plagio”, primera novela gráfica europea situada en el Perú. También es autor del ensayo erótico "50 peruanas de bandera", coguionista del biocómic "Señorita Laura" (Premio Luces 2015) y acaba de lanzar su nueva novela, "La flor de la limeña" (Planeta Perú).

A veces me encuentro con párrafos de grandes escritores en libros relativamente modernos (pongamos siglo XX hacia adelante) que como lector me hacen temblar y tener sudores fríos. Cuando eso sucede, lo considero más un mérito que un pretexto para indignarme. Que me escandalicen es siempre motivo de alegría, significa que todavía me puedo sorprender: y que los escritores no se midan es bueno para la literatura.

He seleccionado, con criterio totalmente personal, párrafos que me han sacudido fuerte en el estómago cuando los leí.

Por orden progresivo de contundencia:

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Imagen: ricardovigueras.blogspot.pe

5. Las novelas de Mike Hammer por Mickey Spillane

Sin duda, estamos ante el escritor más facho de la tradición policíaca estadounidense (1918-2006). Fue creador del mítico Mike Hammer, el detective machista, vengativo y asesino de delincuentes. (Spillane también fue uno de los creadores del Capitán América, lo cual tiene TODO EL SENTIDO).

Su estilo literario es raudo e implacable como una apisonadora a explosión y se trata de la principal influencia literaria del genio de los cómics Frank Miller (influencia fácilmente reconocible en el ritmo staccato de sus diálogos en Sin City The Dark Knight Returns).

En la primera y más conocida novela de la saga Mike Hammer, Yo, el jurado (1947), escrita en nueve días, el protagonista (SPOILER GORDO) descubre que la mala de la historia es la seductora coprotagonista y durante el vibrante desenlace la encañona con su revólver: en una escena ya devenida clásica, ella se desnuda frente a él echando mano de todo su poder de seducción para que no la mate, pero Hammer no tiene piedad. Su último diálogo fue mucho tiempo uno de los más citados del género negro:

“-¿Cómo has… podido?
Dentro de un instante ella sería un cadáver.
Pero aún tuve tiempo de responderle.
-No me costó gran cosa”.

En la sexta novela del ciclo, Kiss me, deadly (1952. Bésame, moribunda en la edición mexicana traducida por Joaquín Roa), Hammer está a punto de atropellar a una chica desnuda que no se aparta de la carretera. Tras evitar in extremis arrollarla, en lugar de sentir piedad por ella, el detective solamente siente una agresividad incomodísima para el lector, plasmada en este pensamiento interior:

“Calma, colega, calma, que ella es un dulce. No la aplastes, todavía no. Detén tus impulsos por un minuto, tómalo con calma; después, si quieres, acuéstala sobre la salpicadera y dale una zurra hasta que recobre el sentido común. Luego mándala al diablo de una patada y déjala seguir a pie el camino de su casa”.

Todo un encanto, este tipo.

4. ¡Adelante, Julius! de Daphne Du Maurier

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Imagen vía: iberlibro.com

Ya comenté en otra ocasión que Daphne du Maurier es una escritora insólitamente salvaje como pocos autores del siglo XX y uno de mis ídolos de la literatura. Pero nada se compara a lo que ella presentó en The Progress of Julius (1933), novela tan incómoda y con tantas probabilidades de ser etiquetada como antisemita, que apenas nadie habla de ella hoy día (y los fans de du Maurier menos que nadie).

En sus páginas se cuenta la vida de un judío pobre francés obsesionado con poseer cosas y almas, y su trayectoria sin escrúpulos hasta lograr toda la riqueza y poder posibles, matando en el camino todo aquello que ama cuando le deja de ser útil (hasta a su propia hija). De niño lo aprendió durante su apresurada huida a París en 1870, escapando de los invasores prusianos en el carro de sus padres (amantes de los gatos, abstenerse de seguir leyendo, por favor):

“Al llegar al final del puente, Julio tiró a su padre de la manga.
-¿Se morirá mi gatita de hambre en París? -preguntó.
-No lo sé. Como no sé tampoco si nos cogerán ni adónde iremos a parar. Los gatos no están nunca a gusto fuera de sus hogares; por eso es mucho mejor que la sueltes aquí. Ya se buscará la comida. Y alguien la cuidará.
-No -murmuró Julio-. No. Yo no quiero que la coja nadie. Es mía. Lo mío no puede pertenecer a otra persona, ¿me comprendes, padre? Dime que me has comprendido.
Hablaba a su padre levantando la pálida carita donde destacaba la aguileña nariz, tiritando de frío bajo la lluvia.
-¡Sí -contestó Paul Lévy-, te comprendo!
Detuvo el carricoche y Julio se apeó. Pasaban grupos de fugitivos inclinados bajo el peso de sus fardos; otro carricoche rodaba sobre el empedrado suelo, y luego otro, y otro…
-¿Qué esperáis? ¡Vienen los prusianos! ¡Vienen los prusianos!
Julio se inclinó a recoger una piedra del suelo y la envolvió en un pañuelo que ató al cuello de la gata. El animal arqueó el lomo y azotó con su patita, juguetonamente, la cara del niño, que, cerrando los ojos, le había aproximado a la sedosa piel. Entonces corrió hacia el pretil del puente y arrojó el animal al Sena”.

3. Crímenes ejemplares de Max Aub

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Imagen: documentaminima.blogspot.pe

El escritor republicano de múltiples nacionalidades que huyó del franquismo para exiliarse en México escribió esta obrita satírica de negrísimo humor en 1957, enumerando razones para matar al prójimo, ya sea ese prójimo infante, hombre o mujer. Aquí, algunos ejemplos perturbadores:

“Era la séptima vez que me mandaba copiar aquella carta. Yo tengo mi diploma, soy una mecanógrafa de primera. Y una vez por un punto y seguido, que él dijo que era aparte, otra vez porque cambió un “quizás” por un “tal vez”, otra porque se fue una v por una b, otra porque se le ocurrió añadir un párrafo, otras no sé por qué, la cosa es que la tuve que escribir siete veces. Y cuando se la llevé, me miró con esos ojos hipócritas de jefe de administración y empezó, otra vez: “Mire usted, señorita…”. No lo dejé acabar. Hay que tener más respeto con los trabajadores”.

“-¡Antes muerta! -me dijo. ¡Y lo único que yo quería era darle gusto!”.

“Era imbécil. Le di y expliqué la dirección tres veces, con toda claridad. Era sencillísimo: no tenía sino cruzar la Reforma a la altura de la quinta cuadra. Y las tres veces se embrolló al repetirla. Le hice un plano clarísimo. Se me quedó mirando, interrogante:
-Pos no sé.
Y se alzó de hombros. Había para matarlo. Lo hice. Si lo siento o no, es otro problema”.

“Desde que nació aquel escuincle no hacía más que llorar, a mañana, tarde y noche. (…) Lo tiré por la ventana. Les aseguro que no había otro remedio”.

“La hendí de abajo arriba, como si fuese una res, porque miraba indiferente al techo mientras hacía el amor”.

“Cuando se emborrachaba lo rompía todo, a palos, dando vueltas. Aquella sopera era lo único que me quedaba de mi mamá. ¡Que hubiese acabado con lo demás, pero con la sopera, no! No fue con un picahielo, señor: con la plancha”.

“Es que ustedes no son mujeres, y, además, no viajan en camión, sobre todo en el Circunvalación, o en el amarillo cochino de Circuito Colonias, a la hora de la salida del trabajo. Y no saben lo que es que la metan a una mano. Que todos y cualquiera procuren aprovecharse de las apreturas para rozarle los muslos y las nalgas, haciéndose los desinteresados, mirando a otra parte, como si fuesen inocentes palomitas. Indecentes (…) Por si acaso me lo volvía a encontrar me llevé un cuchillito, filoso, eso sí. Sólo quería pincharle. Pero entró como si fuera manteca, puritita manteca de cerdo. Era otro, pero se lo merecía igual que aquél”.

2. Debajo de la mesa de Juan Abreu

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Imagen vía: peru21.pe

Las recientes memorias del escritor cubano afincado en España están escritas con lo más cercano a lo que se definiría como libertad absoluta y tienen de todo: anticastrismo, zoofilia, mártires homosexuales y mucho sudor sensual. Abundan los textos polémicos, tanto desde lo político (con una detallada crónica de la fuga de Cuba por parte de su amigo el escritor e ícono gay Reinaldo Arenas) como lo erótico. Pero nada se compara a este pasaje, donde el autor rememora su iniciación sexual en el barrio pobre de Cuba donde se crió, allá por los años 60, abordando uno de los mayores tabúes de nuestros tiempos:

“El sexo con animales era bastante común y en modo alguno demasiado vergonzante.
Cuando fui lo suficientemente hábil para convencer a una muchacha, las yeguas y las chivas desaparecieron totalmente de mi horizonte sexual”.

1. Arequipa lámpara incandescente de Oswaldo Reynoso

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Imagen: leeporgusto.com

El genio arequipeño dedicó sus últimos libros a cantar la belleza del doncel peruano. Su pasión incansable por divulgar la literatura como arma de desarrollo de su pueblo le llevó a todos los confines del país, a todas las ferias literarias por modestas que fuesen (y aún con mayor gusto cuanto más lo eran). Nunca he visto un escritor ser tan adorado por los jóvenes. Su obra es una absoluta maravilla y esperemos que poco a poco pueda ser difundida a nivel internacional.

El volumen que nos ocupa, el último que publicó en vida, está conformado por impresiones en formato epistolar y finaliza con este pasaje, el más perturbador que yo haya leído jamás en un libro escrito en este siglo:

“Estimado Sergio: No puedo terminar este conjunto de textos si antes no te relato lo que vi en la Feria del Libro en Bernal, un pequeño distrito en el Bajo Piura. Mediodía. En la Plaza Grau, mesas con libros, un toldo y un estrado. El sol ahoga. Espero mi turno de participación sentado en un banco a la sombra de un árbol. En el centro de la calle lateral, desierta y polvorienta, diviso a un niño, como de once años, que tiene cogido por atrás a un perro. Lo mueve a un ritmo cada vez más agitado. De pronto, desliza su mano por debajo del perro y lo masturba. Suspira y se aparta del perro. Su bragueta está abierta y muestra al aire su minúsculo pene sonrosado. Acaricia amoroso la cabeza del perro. Luego, lo echa sobre la tierra y se acuesta para chuparle el miembro que aún sigue erecto. Terminada la faena, niño y perro se pierden por una bocacalle. Me llaman por micro para subir al estrado. El calor es intenso. Saco mi pañuelo, me seco el rostro y digo con voz entrecortada y triste: Ahora, voy a hablar del Plan Lector para niños y adolescentes”.

Hernán Migoya

Escritor español. Autor del best-seller "Todas putas" y guionista de “Plagio”, primera novela gráfica europea situada en el Perú. También es autor del ensayo erótico "50 peruanas de bandera", coguionista del biocómic "Señorita Laura" (Premio Luces 2015) y acaba de lanzar su nueva novela, "La flor de la limeña" (Planeta Perú).