Cholo soy y no me complazcas , teatro Viernes, 19 junio 2015

Si tienes hijos, llévales a ver “El sótano encantado”. Y si no los tienes… ¡que alguien te lleve a ti!

Hernán Migoya

Escritor español. Autor del best-seller "Todas putas" y guionista de “Plagio”, primera novela gráfica europea situada en el Perú. También es autor del ensayo erótico "50 peruanas de bandera", coguionista del biocómic "Señorita Laura" (Premio Luces 2015) y acaba de lanzar su nueva novela, "La flor de la limeña" (Planeta Perú).
Tito Vega, Fabiola Coloma y Tomás Carreño, los tres protagonistas.

Tito Vega, Fabiola Coloma y Tomás Carreño, los tres protagonistas.

Da gusto poder escribir de algo positivo, para variar.

El pasado sábado 13 asistí en la Alianza Francesa de la avenida Arequipa (Lima) al estreno de una obra infantil, pero de esas que afortunadamente uno disfruta un huevo como adulto: El sótano encantado es un recorrido lleno de vida por los cuentos de los hermanos Grimm, pero sobre todo –y más interesante todavía– un viaje en montaña rusa por todos los recursos teatrales que hacen sentir en el espectador la magia del espectáculo: comedia, pantomima, títeres, sombras chinescas… y todo ello servido a un ritmo desbordante.

Cartel de la obra en cartelera en el Teatro de la Alianza Francesa.

Cartel de la obra en cartelera en el Teatro de la Alianza Francesa.

Hay películas de Spielberg que te hacen sentir un niño de nuevo: pues con El sótano encantado pasa un poco lo mismo. La mirada que su creador y director, David García Coll, proyecta sobre el escenario es tan prístina y genuina que uno se retrotrae a la infancia en su butaca y parece que descubra por vez primera todos los grandes trucos escénicos: eso hace que uno se sienta niño de nuevo, que experimente ese impacto inolvidable que proporciona la capacidad de maravillarse cuando ya la creía adormilada y entumecida por los efectos especiales de Hollywood.

Los tres actores en escena se dejan la piel: Fabiola Coloma está sencillamente inmensa en su rol de niña ingenua-pero-lista y lista-pero-pura, haciendo gala de una complicidad con el público infantil que nos aporta algunos momentos improvisados absolutamente hilarantes; Tito Vega se muestra sólido, con la sabiduría del actor que sabe jugar un papel más desagradecido bajo los focos pero fundamental en su engranaje; y Tomás Carreño deslumbra por momentos con algunos de sus múltiples personajes dentro de su personaje matryoshka, especialmente cuando toma prestado y viste como un traje propio el flamboyantismo histriónico del maestro Jim Carrey para su Lobo Feroz.

García Coll lo tiene muy claro y, pese a que él en público y ante quien quiera escucharle exhibe sus modestias como lastres de globo aerostático, ha escrito una obra endemoniadamente buena para todo tipo de público: los niños disfrutan como enanos y los mayores… como niños.

El sótano encantado ofrece funciones cada sábado y domingo, hasta el 2 de agosto, a las 4:00 p.m. en el Teatro de la Alianza Francesa de la Av. Arequipa 4595, Miraflores.

Las entradas están a la venta en Teleticket. El costo es de S/.30 general, S/.15 niños, estudiantes y jubilados.

A la salida de la obra, todos los niños querían su foto con los actores. (Foto de H.M.)

A la salida de la obra, todos los niños querían su foto con los actores. (Foto de H.M.)

A continuación reproducimos por vez primera un esclarecedor texto integral del director, David García Coll, explicando la génesis y objetivos de su obra:

“Una de las cosas que nos unen a todos los seres humanos, con independencia del lugar de procedencia o nivel cultural, es el amor, la otra es el miedo. Curiosamente, la glándula que desprende las hormonas que nos producen ambas sensaciones es la misma, la amígdala, que se encuentra en nuestro cerebro más primitivo, aquel que se formó cuando aún éramos reptiles. A lo largo de mi vida he visto innumerables espectáculos familiares que tratan sobre el amor y de su importancia en la vida, pero muy pocos que tratan sobre el miedo y también, por qué no, de su importancia para la vida.

Con este trabajo entramos en el mundo mágico con el que todos nos hemos identificado alguna vez. El mundo de los valores, mensajes transmitidos y funciones morales y didácticas de los cuentos de hadas. A muchos de nosotros nos han leído cuentos de pequeños, pero las sensaciones que nos provocaban las recordamos vagamente, como algo difuso. Seguramente, nunca nos hemos preguntado qué esconden estas historias porque pensamos que son algo puntual, entretenido y quizás, educativo, pero sin reconocer su riqueza y profundidad, que abarcan más de lo que se cree a primera vista. 

Para que una historia mantenga de verdad la atención del niño, ha de divertirle y excitar su curiosidad. Pero, para enriquecer su vida, ha de estimular su imaginación, ayudarle a desarrollar su intelecto y a clarificar sus emociones; ha de estar de acuerdo con sus ansiedades y aspiraciones; hacerle reconocer plenamente sus dificultades, al mismo tiempo que le sugiere soluciones a los problemas que le inquietan. El Niño necesita ideas de cómo poner en orden su casa interior y, sobre esta base, poder establecer un orden en su vida en general. Necesita una educación que le transmita, sutilmente, las ventajas de una conducta moral, no a través de conceptos éticos abstractos, sino mediante lo que parece tangiblemente correcto y, por ello, lleno de significado para el niño.

Por otra parte, en toda la «literatura infantil» —con raras excepciones— no hay nada que enriquezca y satisfaga tanto, al niño y al adulto, como los cuentos populares de hadas. A pesar de que fueron creados mucho antes de que la vida en la moderna sociedad de masas empezara a existir, de ellos se puede aprender mucho más sobre los problemas internos de los seres humanos y sobre las soluciones correctas a sus dificultades en cualquier sociedad, que a partir de otro tipo de historias al alcance de la comprensión del niño. Los cuentos de hadas hablan de los profundos conflictos internos, que se originan en nuestros impulsos primarios, de un modo que el niño puede comprender inconscientemente, y —sin quitar importancia a las graves luchas internas que comporta el crecimiento— ofrecen ejemplos de soluciones, temporales y permanentes, a las dificultades apremiantes.

Este es precisamente el mensaje que los cuentos de hadas transmiten a los niños, de diversas maneras: que la lucha contra las serias dificultades de la vida es inevitable, es parte intrínseca de la existencia humana; pero si uno no huye, sino que se enfrenta a las privaciones inesperadas y a menudo injustas, llega a dominar todos los obstáculos alzándose, al fin, victorioso. Las historias modernas que se escriben para los niños evitan, generalmente, estos problemas existenciales, aunque sean cruciales para todos nosotros. El niño necesita más que nadie que se le den sugerencias, en forma simbólica, de cómo debe tratar con dichas historias y avanzar sin peligro hacia la madurez. Las historias «seguras» no mencionan ni la muerte ni el envejecimiento, límites de nuestra existencia, ni el deseo de la vida eterna. Mientras que, por el contrario, los cuentos de hadas enfrentan debidamente al niño con los conflictos humanos básicos.

Los cuentos de hadas suelen plantear, de modo breve y conciso, un problema existencial. Esto permite al niño atacar los problemas en su forma esencial, cuando una trama compleja le haga confundir las cosas. El cuento de hadas simplifica cualquier situación. Los personajes están muy bien definidos y los detalles, excepto los más importantes, quedan suprimidos. Todas las figuras son típicas en vez de ser únicas. Contrariamente a lo que sucede en las modernas historias infantiles, en los cuentos de hadas el mal está omnipresente, al igual que la bondad. Prácticamente en todos estos cuentos, tanto el bien como el mal toman cuerpo y vida en determinados personajes y en sus acciones, del mismo modo que están también omnipresentes en la vida real, y cuyas tendencias se manifiestan en cada persona. Esta dualidad plantea un problema moral y exige una dura batalla para lograr resolverlo. Por otra parte, el malo no carece de atractivos: simbolizado por el enorme gigante o dragón, por el poder de la bruja, o por la malvada reina de «Blancanieves» y, a menudo, ostenta temporalmente el poder. En la mayoría de los cuentos, el usurpador consigue, durante algún tiempo, arrebatar el puesto que, legítimamente, corresponde al héroe, como hacen las perversas hermanas de «Cenicienta». Sin embargo, el hecho de que el malvado sea castigado al terminar el cuento no es lo que hace que estas historias proporcionen una experiencia en la educación moral, aunque no deja de ser un aspecto importante de aquél. Tanto en los cuentos de hadas como en la vida real, el castigo, o el temor al castigo, sólo evita el crimen de modo relativo. La convicción de que el crimen no resuelve nada es una persuasión mucho más efectiva, y precisamente por esta razón, en los cuentos de hadas el malo siempre pierde. El hecho de que al final venza la virtud tampoco es lo que provoca la moralidad, sino que el héroe es mucho más atractivo para el niño, que se identifica con él en todas sus batallas. Debido a esta identificación, el niño imagina que sufre, junto al héroe, sus pruebas y tribulaciones, triunfando con él, puesto que la virtud permanece victoriosa. El Niño realiza tales identificaciones por sí solo, y las luchas internas y externas del héroe imprimen en él la huella de la moralidad.

Los personajes de los cuentos de hadas no son ambivalentes, no son buenos y malos al mismo tiempo, como somos todos en realidad. La polarización domina la mente del niño y también está presente en los cuentos. Una persona es buena o es mala, pero nunca ambas cosas a la vez. Un hermano es tonto y el otro listo. Una hermana es honrada y trabajadora, mientras que las otras son malvadas y perezosas. Una es hermosa y las demás son feas. Un progenitor es muy bueno, pero el otro es perverso. En este momento el niño tiene ya una base que le permite comprender que existen grandes diferencias entre la gente, y que, por este mismo motivo, está obligado a elegir qué tipo de persona quiere ser. Las polarizaciones de los cuentos de hadas proporcionan esta decisión básica sobre la que se constituirá todo el desarrollo posterior de la personalidad. El niño no se identifica con el héroe bueno por su bondad, sino porque la condición de héroe le atrae profunda y positivamente. Para el niño la pregunta no es «¿quiero ser bueno?», sino «¿a quién quiero parecerme?».

Los cuentos amorales no presentan polarización o yuxtaposición alguna de personas buenas y malas, puesto que el objetivo de dichas historias es totalmente distinto. Estos cuentos o personajes tipo, como «El gato con botas», que hace posible el éxito del héroe mediante ingeniosos ardides, forman el carácter, no al provocar una elección entre el bien y el mal, sino al estimular en el niño la confianza de que incluso el más humilde puede triunfar en la vida. Porque, después de todo, ¿de qué sirve elegir ser una buena persona si uno se siente tan insignificante que teme no poder llegar nunca a nada? En estos cuentos la moralidad no es ninguna solución, sino más bien la seguridad de que uno es capaz de salir adelante. El enfrentarse a la vida con la creencia de que uno puede dominar las dificultades o con el temor de la derrota no deja de ser también un importante problema existencial.

Los cuentos de hadas se toman muy en serio los sentimientos desesperados de soledad y aislamiento que sufren los niños. Muchas veces, estos problemas y angustias existenciales sólo pueden sugerirlos indirectamente a través del miedo a la oscuridad, a algún animal, angustia respecto a su propio cuerpo… Lo único que puede ayudarnos a obtener un estímulo a partir de los estrechos límites de nuestra existencia en este mundo es la formación de un vínculo realmente satisfactorio con otra persona. Estos relatos muestran que cuando uno ha logrado esto, ha alcanzado ya el fundamento de la seguridad emocional de la existencia y permanencia de la relación adecuada para el hombre; y sólo así puede disiparse el miedo a la muerte. Los cuentos de hadas nos dicen, también, que si uno ha encontrado ya el verdadero amor adulto, no tiene necesidad de buscar la vida eterna.

Los cuentos de hadas, a diferencia de cualquier otra forma de literatura, llevan al niño a descubrir su identidad y vocación, sugiriéndole, también, qué experiencias necesita para desarrollar su carácter. Estas historias insinúan que existe una vida buena y gratificadora al alcance de cada uno, a pesar de las adversidades; pero sólo si uno no se aparta de las peligrosas luchas, sin las cuales no se consigue nunca la verdadera identidad. Estos cuentos prometen al niño que, si se atreve a entregarse a esta temible y abrumadora búsqueda, fuerzas benévolas acudirán en su ayuda y vencerá. Las historias advierten, también, que aquellos que son demasiado temerosos y apocados para arriesgarse a encontrarse a sí mismos deben permanecer en una monótona existencia; si es que no les está reservado un destino peor.

Este espectáculo pretende afrontar los miedos de los niños, a través de una estructura de viaje iniciático y cuento de hadas, para reconocer su importancia en el desarrollo de la personalidad. Pretende ser un punto de reflexión sobre cómo los niños afrontan sus miedos y qué podemos hacer los adultos para ayudar a que los superen. Ojalá que, después del espectáculo, los niños estén llenos de preguntas difíciles para los padres.David García Coll.

El director de "El sótano encantado" en un selfie con su troupe.

El director de “El sótano encantado” en un selfie con su troupe.

Hernán Migoya

Escritor español. Autor del best-seller "Todas putas" y guionista de “Plagio”, primera novela gráfica europea situada en el Perú. También es autor del ensayo erótico "50 peruanas de bandera", coguionista del biocómic "Señorita Laura" (Premio Luces 2015) y acaba de lanzar su nueva novela, "La flor de la limeña" (Planeta Perú).