Cholo soy y no me complazcas , sexo Viernes, 12 junio 2015

Llámalo poliamor, pero es sexo: la disneyficación del vicio

Hernán Migoya

Escritor y guionista español. Ya está a la venta su nueva novela, "La flor de la limeña" (Planeta Perú).

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La hipocresía social es un mal necesario para que las personas vivan largos períodos de tranquilidad sin matarse entre sí. De este modo, cuando uno se levanta de mal humor porque el vecino ha puesto música alta toda la noche y, pese a todo, en la mañana le saluda al cruzárselo en su escalera con un pragmático “buenos días” en lugar de “ojalá te mueras, ctm”, está realizando un acto de hipocresía que contribuye al bien común.

Sin embargo, siempre que el estado de paz social lo permite, la labor de los intelectuales es (o debería ser) denunciar el exceso de hipocresía que convierte a la sociedad en un conjunto de personas desnaturalizadas, falsas, fingidoras y, por tanto, que terminarán engendrando un estallido nocivo de todo aquello que reprimen diariamente por dentro. Por volver a nuestro mundano ejemplo: si el vecino reincide en poner la música alta cada maldita noche y uno no se atreve a reprochárselo nunca, llegará el momento en que de tanto fingir paz y concordia, nuestro alterado protagonista entrará en crisis y le terminará clavando un cuchillo en mitad de la noche y del cuello. Es lo que se denomina como “ser peor el remedio que la enfermedad”: un conchaetumadre a tiempo le hubiese ahorrado el homicidio.

¿Por qué los de la izquierda se agarran una teta y los de la derecha el lomo? ¿Será también una manera de diferenciarse entre poliamorosos fraternales y poliamorosos... más carnales? Ilustración de Kelsey Wroten para Vice.com

¿Por qué los de la izquierda se agarran una teta y los de la derecha el lomo?
¿Será también una manera de diferenciarse entre poliamorosos fraternales y poliamorosos… más carnales?
Ilustración de Kelsey Wroten para Vice.com

-El sexo no es amor… pero es igual de respetable

Yo ahora mismo siento que el poliamoroso es un movimiento marcadamente hipócrita que en alguna de sus variantes hace mucho más mal que bien a nuestra sociedad: donde dice “amor por muchos” debería decir “sexo libre”. Pero claro, la hipocresía social determina que el sexo libre, o el gusto por una vida sexual variada, no sea lamentablemente un valor respetable por sí mismo. De ahí que haya que meter a macha martillo el término “amor” por doquier, para que a los promiscuos los dejen en paz y se santifique su way of life sin linchamiento de por medio.

Los ciudadanos de mentalidad progresista y liberal nos hemos pasado toda la vida luchando contra esa estereotipación del amor que lo convierte en un modelo idílico imposible tipo Disney, ése del Príncipe Azul para toda la vida y su “fueron felices y comieron perdices”, que tanto mal ha hecho a millones de personas cuando se dieron de bruces con las breves realidades de sus matrimonios “para siempre”. Con lo que nos ha costado superar los fracasos sentimentales que creíamos “amores de por vida”… ¿y ahora nos tenemos que tragar también la disneyficación de la promiscuidad? ¿De verdad para que la sociedad respete que una persona se acueste, responsablemente y de mutuo consentimiento, con quien le dé la real gana hace falta disfrazarlo de “amor por todos”? ¿¿¿Me tengo que creer que están enamorados todos entre sí para respetarlos??? Sinceramente, me resulta más fácil creer en un amor para toda la vida…

Y lo que más me molesta del asunto: ¿por qué han inventado un neologismo tan ridículo para definir ese movimiento absolutamente artificioso?

Oigan, modernitos, esto ha existido toda la vida...

Oigan, modernitos, esto ha existido toda la vida…

-La palabra más fea del mundo

“Poliamor” es en sí mismo un término horroroso. Decir de uno mismo que se declara “poliamoroso” suena de entrada, obviamente, a policía con exceso de afecto por elementos civiles. Y ya lo de amoroso me remite directamente a los famosos Osos Amorosos que en su día aterrorizaron tantas infancias.

¿No podían los yanquis –porque todo esto procede, como casi todo lo que nos importa dialécticamente, de nuestro adorado imperio, los Estados Unidos de América– haber dado con un término más agradable al oído y más apropiado al concepto, menos absurdo de forma y fondo? Lanzo algunas opciones más elegantes:

  • “Tuttifilia”-“Tuttifílico/a”, por ejemplo, matiza un poco ese entusiasmo desmedido por el amor per se de la palabreja oficial: filia es un furgón de cola más sutil y elegante a la vez… y tutti nos hace sentir italianos y musicales, que siempre ayuda. Cierto que suena un poco a hemofílico… pero poliamoroso también suena a politoxicómano, y nadie se quejó.
  • “Multiquerencia”-“Multiquerendón/ona”: neologismo simpaticote que sin duda calaría más en los sectores humildes que todavía no han oído hablar de qué coño significa poliamor porque están demasiado ocupados tratando de sacar adelante a su familia. No olvidemos, porsiaca, que el poliamor es un estilo de vida eminentemente pituco; la gente pobre se conforma con tener choques y fugas.
  • “Amorazo”-“Amadorazo/a”: ya puestos a exagerar la carga emocional del “amante-de-todos”, mejor inventarse un término no compuesto, que resulta más sencillo y fácil de pronunciar, y también más divertido. Lo que antes eran “amoríos” ahora son “amorazos”: y si decimos que se da mucho entre los estadounidenses, lo repetiremos sin complejos ni cuestionar la estupidez de la designación.
  • O, ya puestos a ser sinceros, ¿qué mejor definición que «dionisíaco«, que al fin el Dios Dioniso es en puridad el inventor del poliamor?
Dioniso y sus bacanales: al pan, pan y al vino, vino.

Dioniso y sus bacanales: al pan, pan y al vino, vino.

-Modelos de familias libertinas

Un hijo de la tradición poliamorosa explica aquí con tino y sinceridad las particularidades de su original hogar en la infancia. Todo lo que dice suena razonable y desde luego un modelo de presunta monogamia en los progenitores no es ninguna bicoca en sí misma. Mi crítica no viene dada por la amenaza que el poliamor pueda suponer hacia el estamento familiar tradicional, al patriarcado/matriarcado o a la educación convencional de los hijos: normalmente, de padres inmaduros e irresponsables suelen surgir hijos opuestos en actitud. Todos sabemos que la Humanidad seguirá adelante pese a todo y pese a nosotros mismos.

Sin embargo, el hecho de que no se establezca o especifique ninguna jerarquía en el tipo de amor que los padres del articulista profesan hacia sus distintos compañeros de intimidad me parece muy simplista. ¿Realmente esas personas querían por igual a todas sus parejas? Él mismo confiesa que actualmente practica el poliamor más por libido que por valores sentimentales: o sea, que se acuesta con muchas chicas porque le apetece. ¿Por qué no aplica ese mismo rasero a la hora de juzgar a sus padres? ¿Los cuatro novios de su madre eran realmente novios o sencillamente amantes? A mí me parece más meritorio y digno de aplauso lo segundo que lo primero, la verdad.

En consecuencia, ¿por qué tendrían que ser novios? Lo lógico es que fuesen compañeros de cama principalmente, es decir, que el interés generado en ella pasara por la cuestión sexual: y si sólo eran compañeros de cama, ¿por qué han de vivir bajo el mismo techo? ¿Qué placer convivencial se deriva de ello? ¿Para que les parezca la suya una situación respetable –o moderna, que también los hay así– ante sí mismos y ante los demás?

Por el contrario, si la atracción no es sexual ¿también a los amigos hay que convertirlos en sujetos susceptibles de poliamor? ¿También hay que traerlos a vivir a casa? Si no es así ¿por qué a ellos no, si lo único que los diferencia de los otros es la ausencia de intercambio sexual en el vínculo establecido?

El ser humano se complica mucho la vida: hemos llegado a un nivel de independencia gracias al mundo moderno que precisamente nos ha permitido romper con el núcleo de la familia-tipo (padre + madre + hijos) como requisito de supervivencia doméstica o modelo hogareño ideal a seguir: hoy podemos vivir solos, cada uno en su casa y Dios en la de todos, y acostarnos con quien nos dé la gana y nos apetezca, o establecer el tipo de familia que nos parezca más adecuado: homosexuales, heterosexuales o asexuales. Pero ¿por qué confundir el deseo sexual con amor y traernos a casa a más de una persona, para embarrarlas a todas con un elemental “los quiero por igual”?

Nunca he creído demasiado en las parejas abiertas, porque pienso que muchas personas mezclan en demasía los deseos sexuales con sus sentimientos profundos: me parece que el modelo hipócrita del matrimonio burgués (él con sus amantes por un lado y ella con sus amantes por el otro, en el caso heterosexual) sigue siendo el más inteligente para no mezclar churras con merinas ni generar conflictos innecesarios. Pero en comparación con el conglomerado poliamoroso (¿llegará a ser Sociedad Anónima?), la pareja abierta me parece mucho más natural, inteligente y sincera. Prefiero una compañera que me diga: “Oye, es que me encanta tirar con muchos” y actúe en consecuencia a otra que me diga: “Es que los quiero a todos” y eso se traduzca en lo mismo… en que tira con muchos.

Al menos con la primera compañera sé que sólo me quiere a mí. O un poco más.

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«Libertinaje» es una palabra mucho más bonita y tradicional que «poliamor». ¡Recuperémosla!

-Celos justificados

Una amiga me ha explicado que en España perteneció a una asociación poliamorosa y que duró cuatro meses. Para ella, el objeto de la asociación es el mismo que yo denuncio: básicamente, son un montón de personas con ganas de tirar que disfrazan sus respetables impulsos de hipsterismo. Al parecer, los cuatro tíos calientes de turno se ponen morados recogiendo teléfonos de las chicas presentes en las convocatorias y llamándolas luego por separado para follar que da gusto. Los swingers llevan décadas haciendo lo mismo, pero son mucho más honestos, sin ese tufillo a secta buenrrollista.

Me parece bien todo el tinglado, si todos quieren lo mismo y lo asumen tal cual. Pero una vez más: ¿por qué meter el amor por medio si sólo es sexo? ¿Y por qué ofrecer clases, lucrándose de paso, para “enseñar” a que los alumnos no sientan celos? ¡Cuando precisamente el poliamor ofrece, por una vez, todos los motivos para sentir esos celos!

Yo no soy una persona celosa, porque entiendo que casi todos los seres humanos albergan deseos sexuales hacia varias personas a la vez. También pueden albergar cariño por varias, por descontado. Pero sentir amor por todas o por muchas o por varias personas sin distinción, me parece algo absurdo: yo siento cariño por unas cuantas personas, pero no quiero acostarme ni compartir mi vida íntima con todas ellas. ¡Por Dios, qué agotador! Ya Houellebecq se rio de toda esa parafernalia pseudopanteísta y bienintencionada hace casi veinte años en Las partículas elementales . Claro que no sé si Houellebecq o yo somos ejemplos para ir criticando nada…

En todo caso, me parece más coherente ser poliamoroso sin convivir con nadie.

Houellebecq y "el Bastardo Amarillo" de Frank Miller se parecen en la cara y en que NO son poliamorosos...

Houellebecq y «el Bastardo Amarillo» de Frank Miller se parecen en la cara y en que NO son poliamorosos…

Así que comprendo a la perfección que una persona que sí convive con alguien sienta celos, si la persona amada quiere compartirla con varias más y otorga la misma importancia a su relación que a las otras: ¡que no permitan que le creen un sentimiento de culpabilidad por querer disfrutar en exclusiva de esa persona amada! Que le diga: Acuéstate con quien gustes (eso se llama tener amantes) o establece relaciones intelectual y afectivamente cercanas y cálidas (eso se llama tener amigos), pero no quieras elevar a la altura de “amor” a personas por las que seguramente sólo sientes atracción física, deseo sexual, magnetismo empático o afinidad vital.

Y si al final lo que uno quiere es no comprometerse con nadie, pues entonces esa categoría de poliamoroso se corresponde a una figura que ya tiene nombre desde hace siglos: no estamos ante un poliamoroso, sino ante un vivalavirgen.

Las familias nudistas monógamas ya son parte del pasado por convencionales y comunes: ya fueron. (Foto de Diane Arbus.)

Las familias nudistas monógamas ya son parte del pasado por convencionales y comunes: ya fueron.
(Foto de Diane Arbus.)

Hernán Migoya

Escritor y guionista español. Ya está a la venta su nueva novela, "La flor de la limeña" (Planeta Perú).
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