Cholo soy y no me complazcas Viernes, 26 diciembre 2014

Las 24 mejores películas del cine dependiente vistas en 2014

Hernán Migoya

Escritor y guionista español. Ya está a la venta su nueva novela, "La flor de la limeña" (Planeta Perú).

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Entre España y Perú me he podido atiborrar con doce meses de empacho cinéfago”: dícese del que en cine come de todo. Éstas son las películas dependientes (las que “dependen” de la taquilla) que más me han gustado o sorprendido por su originalidad:

 

24. Escape imposible (Escape plan) de Mikael Håfström

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Estrenada el 1 de enero de 2014 en el Perú, nos regaló un mejor homenaje al cine de los 80 que la saga de Los indestructibles: el guión es ingenioso de verdad jugando dentro de la suspensión de la credulidad propia de aquella década (lo que ahora es un rasgo identificativo que genera nostalgia y entonces era motivo de menosprecio crítico)… y el tête-à-tête entre Stallone y Schwarzenegger exuda complicidad, respeto y buena onda. Un disfrute absoluto para los cuarentones de hoy.

 

23. Tontos y más tontos 2 (Dumb and dumber to) de los Farrelly Bros

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Los hermanos Farrelly volvieron a destrozarnos el mobiliario con el retorno del tándem más idiota y escatológico del cine. No sé si su fórmula está gastada o no: a mí esta secuela me pareció más divertida y necesaria que la película original. Torpemente rodada, como siempre en los Farrelly… ¡pero con una capacidad de corrosión tan sana! Bien Jim Carrey y Jeff Daniels por ser fieles a sus personajes y bien la pela por presentarnos el joven talento de Rachel Melvin y recuperarnos a una Kathleen Turner que no ceja de reírse de su pasado sexy.

 

22. El poder del Tai Chi (Man of Tai Chi) de Keanu Reeves

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El debut como realizador del guapo Keanu no ha concitado la atención merecida, probablemente debido precisamente a esa guapura. Sin embargo, su filme se trata de un homenaje real y sentido al arte marcial del título. En complicidad con el protagonista, Tiger Hu Chen, Reeves logra filmar cada una de las peleas derrochando atención al detalle y a la belleza de los movimientos, reservándose además el papel de villano: todo el amor que le pone a su trabajo de director, lo contrapesa con la apropiada frialdad de su despiadado personaje. Buen trabajo, Keanu.

 

21. El violinista del diablo (The devil’s violinist) de Bernard Rose

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Si Coppola hubiera dirigido esta película, sería una de las mejores de la historia del cine. El hoy algo anquilosado director de Candyman no se muestra muy en forma detrás de las cámaras, pero sí inoculando un discurso “autoral” disfrazado de película para pasar el rato: la vida del virtuoso Paganini (encarnada por el violinista alemán David Garrett), presentado como estrella de rock avant la lettre, perseguido por las Damas por la Rectitud Moral y presunta víctima de un contrato fáustico (como su leyenda afirma), resulta una propuesta en verdad fascinante, e incluye uno de los parlamentos más definitivos sobre lo que significa ser artista fiel a una naturaleza transgresora, parlamento puesto en boca de su mefistofélico sirviente: “Realmente no la amabas. Amabas la idea de lo que creías que ella era: una inocente. Alguien cuya pureza podría redimirte de tus muchos pecados. ¡Pero ella es humana! Posee la misma carnalidad y ambición que tú. Lo único que hubiese sucedido es que la habrías destruido… corrompido… con la misma sordidez y la misma infección que arde en tu sangre… Soy tu sangre… No soy el Demonio: yo sirvo al Demonio y tú eres mi Maestro.”

 

20. Snowpiercer de Joon-ho Bong

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Aunque él sigue sin parecerme el genio que muchos pregonan, la nueva cinta del autor de The Host es una muy divertida metáfora sobre la necesidad mutua que se establece en el mecanismo del capitalismo y tal vez en toda relación humana, haciendo del dualismo explotadores/explotados una dinámica casi biológica. Chris Evans está desconcertantemente adecuado al papel protagonista (una especie de “Alicia en el país de las miserias”), haciéndonos olvidar que es el Capi América, y Tilda Swinton brilla como siempre en el esperpento paródico que astutamente construye sobre la base física de Ayn Rand. La película hiede a malos diálogos, pero convence en su plasmación de la índole humana al encerrarla en un microuniverso (un tren en movimiento perpetuo a punto siempre de descarrilar…).

 

19. Nadie vive (No one lives) de Ryûhei Kitamura

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Kitamura es tal vez el director en auge más interesante y dotado de la serie B de terror. Si con The Midnight Meat Train logró la película mejor rodada en torno al universo de Clive Barker, con Nadie vive riza el rizo y a medio camino reconvierte el subgénero de “pareja-acosada-por-pandilleros” en un slasher donde las víctimas son los ex pandilleros y la pareja acosada es un psicópata y su groupie. Diversión pura para los amantes de los excesos y los admiradores de la belleza homorrural de Luke Evans antes de alcanzar el megaestrellato haciendo de Charles Ingalls transilvano (o sea, Drácula: la leyenda jamás contada).

18. Cuando todo está perdido (All is lost) de J.C. Chandor

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Como si revisitase Jeremiah Johnson (1972), la obra maestra de Sydney Pollack, un enjuto Robert Redford se embarca en esta desventura marítima con ínfulas existencialistas. Y funciona bastante bien, comenzando por ese tono a “estamos filmando esto sin contar con que tú lo estás viendo”, sensación que creo reviste el mayor mérito de esta saludable propuesta casi muda.

 

17. Chained de Jennifer Lynch

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Directora y protagonista.

Escalofriante retrato sobre un psychokiller (aterrador Vincent D’Onofrio) y su convivencia con el hijo de una de sus víctimas, al que adopta como discípulo a la fuerza y al que pretende contagiar su rabiosa misoginia. Jennifer Chambers Lynch ya vuela sola como directora y sin tener que dar explicaciones por ser la hija de quien es.

 

16. Asalto a Wall Street (Bailout: The age of greed) de Uwe Boll

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Considerado el “peor director vivo del mundo” (una etiqueta absurda: en Hollywood abundan directores nefastos y mucho menos interesantes que este realizador alemán), Boll siempre merece una ojeada, porque nunca sabes con qué nueva loca iniciativa asaltará al espectador. Por ejemplo, con este rara avis que es Asalto a Wall Streetun estallido de violencia envuelto en crítica al capitalismo (y, a la vez, explotaition capitalista). Digamos que es El vengador anónimo de los indignados por la crisis global. Y, lo que resulta aún más sorprendente, la película está muy bien rodada y es razonablemente efectiva en su alcance dramático. Por si fuese poco, reúne varios rostros entrañables del cine ochentero y noventero: Michael Paré, Edward Furlong, Keith David, Eric Roberts, John Heard

 

15. La mujer invisible (The invisible woman) de Ralph Fiennes

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Junto a Sean Penn, Fiennes se ha convertido en uno de los actores-directores más interesantes del cine anglosajón. Tras el Shakespeare de derechas que nos endosó con su opera prima, da un paso adelante creativamente y con La mujer invisible usa la historia real del affaire entre el novelista Charles Dickens y su amante más longeva, para retratar la relación de poder que se establece entre un artista famoso y egocéntrico y sus admiradoras con ansia de encarrilarlo. El director se pone, con valentía, del lado de la amante anónima, interpretada por una simultáneamente etérea y carnal Felicity Jones. Y de paso, crea una obra de factura formal muy estimulante.

 

14. In the blood de John Stockwell

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La Britney Spears del cine de puñetes, Gina Carano, vuelve a demostrarnos por qué es la heroína actual más verosímil de la producción USA. Rodada en Puerto Rico, In the Blood espeluzna tanto en la crudeza de la violencia exhibida como por el aplomo semidocumental con que se integra en el rodaje el chabolismo del país caribeño. Y Stockwell se confirma como el Mark L. Lester de la nueva era.

 

13. Sniper: Legacy de Don Michael Paul

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Si Charles Bronson estuviese vivo, estaría rodando esta saga. Se agradece que la modesta franquicia que inauguró hace dos décadas el peruano Luis Llosa con su pequeño clásico de western bélico, haya recuperado para su quinta entrega al protagonista original, Tom Berenger, y el mimo puesto por su director en la caracterización de los personajes. Mi película favorita directa a DVD de este año.

 

12. The raid 2: Berandal de Gareth Evans

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Lo que más me molesta de esta película es su descarada pretensión de equipararse con los estándares de El padrino 2. Precisamente ese anhelo es lo menos interesante de la propuesta: los actores no están a la altura y la materia prima de la historia tampoco. Sin embargo, cuando llegamos al terreno de la acción, Evans nos proporciona algunos de los momentos más gozosos de la historia de este género. El orquestal plano secuencia de la masacre en la cárcel o la loquísima persecución automovilística son escenas para ver mil veces y babear otras tantas.

 

11. Relatos Salvajes de Damián Szifrón

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La película-sensación del año para todas esas parejas que jamás irían a ver cine de género, pero que pueden devorarlo si está caramelizado de independencia: Relatos salvajes ofrece varias buenas historias (la mejor guionizada, La propuesta) y sólo una mala: la última, Hasta que la muerte nos separe, que rompe la baraja de la credibilidad y comete la trampa narrativa de hacer vox populi la rivalidad entre novios sin que el público presente en la boda tenga la potestad de reaccionar ante ello, truco ramplón y que desmerece el resto de la solidísima dramaturgia y puesta en escena.

 

10. No hay vuelta atrás (Locke) de Steven Knight

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No soy muy fan de Knight, su guión para Promesas peligrosas me pareció facilón y lleno de clichés, y su primera película es una de las más pretenciosas y endebles que haya protagonizado Jason Statham. Sin embargo, en Locke, su guionista-director triunfa al demostrarnos lo lejos que se puede llegar artísticamente sirviéndose de los únicos elementos de un coche y un actor (en este caso actorazo: Tom Hardy). A muchos espectadores les decepciona precisamente la mayor virtud de esta propuesta: su ausencia de efectismo formulaico.

 

9. Joe de David Gordon Green

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Peliculón. Sí, presenta todos los estigmas del cine independiente, pero… ¡quién nos iba a decir que el proletario del cine comercial, Nicolas Cage, todavía pudiera enfrentar con tanto talento un papel de esta envergadura naturalista! Absolutamente recomendable para todas aquellas personas que amen el buen cine, ya sean provincianos rurales como yo que se proyectan en el retrato de los protagonistas o impenitentes cinéfagos también como yo que saludan con entusiasmo una apuesta visual y narrativa de altura.

 

8. Welcome to New York de Abel Ferrara

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Esta película no es apta para todos los ojos ni estómagos: sólo contemplar a Gérard Depardieu con su tremenda panza y sus prominentes testículos, desnudo y jadeante, aguardando inmóvil el examen previo a su ingreso en prisión, puede suponer un trauma perdurable para cualquier alma sensible. El gran actor francés interpreta a Dominique Strauss-Kahn, el infame ex presidenciable galo, para recrear su no tan lejano escándalo sexual. El enfoque de Abel Ferrara es valiente y, aunque confía demasiado en las (pocas) dotes del tándem Jacqueline Bisset + Depardieu para la improvisación, vuelve a cautivarnos con su aparentemente desmañada forma de narrar. Una película sobre la sensualidad y sus excesos a través del retrato de un monstruo.

 

7. Perro Guardián de Bacha Caravedo y Chinón Higashionna

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Por lo bajini muchos rajan de esta ambiciosa opera prima: sí, en su segunda mitad yo no entendí mucho de la trama criminal y la conversión de fanático mercenario a fatídico justiciero es un poco peregrina; pero a mí me sigue pareciendo que Perro guardián contiene más cine en varias de sus secuencias que incontables películas mucho más celebradas -y en el fondo, convencionales- en todo su metraje.

 

6. El planeta de los simios: Confrontación (Dawn of the Planet of the Apes) de Matt Reeves

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¿Quién nos iba a decir a los enamorados de la película original de Franklin J. Schaffner que esta saga resucitaría con tanta calidad? Si El planeta de los simios: (R)Evolución conjuraba uno de los instantes más mágicos que yo haya vivido nunca en una sala de cine (el silencio atónito que embarga al público cuando César pronuncia su primera palabra en el zoo…), esta secuela admira por su aspiración a vertebrar la civilización simia de forma verosímil y también por su minuciosidad formal. El lenguaje corporal de nuestros peludos héroes está desarrollado de modo fascinante y el mensaje de la historia, pese a su obviedad, cala. Los simiófilos estamos de enhorabuena.

 

5. Godzilla de Gareth Edwards

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Una maravilla. La primera media hora hizo temerme lo peor, pero de pronto la película despega y se transforma en un viaje alucinante al fondo del inconsciente, de los miedos y los sueños enterrados en la psique humana. Ese monstruo (des)dibujado con humo nos remite a las primeras imágenes que de niños vimos de King Kong, al estado de terror primario que sentimos entonces y que en vez de alejarnos de la fuente de fascinación, nos atraía hacia ella… Uno sale del cine deseando ver ya la segunda parte: ¿qué mayor elogio se puede decir de un reinicio de franquicia?

 

4. La noche de la expiación 2 (The purge: Anarchy) de James DeMonaco

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La primera película de la saga era una buena idea mal desarrollada. De pronto, su responsable nos entrega un filme que ya es otra cosa: la película más orgullosamente carpenteriana del año, con una primera hora antológica y una logradísima atmósfera de inquietud y desazón. Y Frank Grillo está excepcional: parece un ex “nuevo romántico” despedido de Duran Duran y buscándose la vida en las calles.

 

3. Dom Hemingway de Richard Shepard

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Richard Shepard es a mi parecer, de entre todos los discípulos de Tarantino, el que cuenta con un mundo propio más carismático, autónomo y personal. Después de su esperanzadora Matador y su estimulante The Hunting Party, nos embelesa con otro filme que podría definirse como “menor”, pero que dispone de todos los números para ser considerado de culto en unos años. Jude Law está inconmensurable en esta aventura casi interior de un hampón inglés de tres al cuarto. Sencillita, repleta de buenos diálogos, bonitos encuadres (Shepard SÍ sabe rodar) y tan british sin serlo su directo responsable, que dan ganas de revisitarla nada más finalizar su visionado.

 

2. The homesman de Tommy Lee Jones

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Delicada crónica antiwestern sobre un viejo borrachín y una joven solterona que transportan en carromato a varias pioneras dementes. El retrato que Hillary Swank construye de esa arrojada superviviente prefeminista ante su ominoso destino me parece una maravilla de sutileza. Una película que fluye a favor del sinsentido de la vida en vez de tratar de impostarle épica o un significado de causa-efecto cinematográfico y lineal.

 

1. Perdida de David Fincher

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Aunque no contiene un solo plano que me interese cinematográficamente, Gone Girl es un producto letal que funciona de principio a fin. Si la novela era un extraordinario análisis de la rutina matrimonial camuflado como thriller de falso culpable (y falsísimo procedimiento policial), este no menos controvertido blockbuster es un thriller de falso culpable con alma de comedia negra acerca de la manipulación de los medios de comunicación sobre las masas, destacando en este caso la connivencia de esas mismas masas. O sea, de todos nosotros.
El estreno de Perdida ha levantado polvareda tan sólo porque su brillante escritora-guionista, Gillian Flynn, hace víctima de la sociedad a un hombre hetero, acosado por los (¿nuevos?) estereotipos de género que condenan o victimizan de antemano, impuestos por los mismos atolondrados mass media que explotan eróticamente a la mujer sin ningún rubor ni remordimiento cuando están en “modo frívolo”, para a continuación convertirla automáticamente en estereotipo de víctima cuando están en modo “dramático”… Curioso que Gone Girl denuncie exactamente lo mismo que la sueco-danesa La caza (Jagten)  denunciaba hace dos años, en esa ocasión aplicando su precursora lupa al pánico social e impermeabilidad a la duda desatados en torno a la sospecha de pederastia. Y como se dice aquí respecto a la deslumbrante antiheroína bigger-than-life de Perdida, “la idea de que cada retrato (ficcional) de una mujer debe ser el de una mujer ideal, concebida para representar a todas las mujeres, es enemiga del arte”. Pese a lo cual, muchas posfeministas ya están adoptando también a Amy como ídolo propio debido a su magnética audacia y poder de resolución.

Pero el filme de Fincher también saca a la luz cómo los medios que nos rodean mienten para que no haya excepciones a la regla impuesta, para que su sensacionalismo manipulativo no quede expuesto ni tampoco sea posible poner en evidencia lo fácil que resulta engañar a la opinión pública, que por lo habitual se reconoce incapaz de cuestionar los lugares comunes (o desinteresada en hacerlo): la falsedad es rentable. Muchos periodistas lo saben. La película también lo sabe y se ríe cínicamente del asunto, haciendo de la ausencia de inocencia su mayor baza.

Y esgrimiendo alegremente una moraleja difícil de asimilar por todos y que el protagonista aprende rápido: que la sociedad te acepta a condición de que mientas.

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Una reunión para LATimes de las tres actrices principales de Gone Girl, posando con la mente diabólica detrás de libro y filme (y de ellas): Gillian Flynn.

Hernán Migoya

Escritor y guionista español. Ya está a la venta su nueva novela, "La flor de la limeña" (Planeta Perú).