Cholo soy y no me complazcas Viernes, 5 septiembre 2014

Olenka Zimmermann: “¿Por qué tanto encono contra las mujeres famosas en el Perú y entre peruanos?”

www.sitiope.com

Es curioso

por Olenka Zimmermann*

Es curioso y revelador que, siendo Hernán un extranjero, haya reconocido y acertado (en muchos casos a mi parecer y en otros porque me consta) en plasmar la personalidad de las mujeres peruanas de la farándula de las que se trata en 50 Peruanas de Bandera.

Se nota que nos ha estudiado a fondo, no sólo a través de las páginas de periódicos y revistas y en los programas de TV en los que estas chicas han declarado algo: Hernán las (nos) ha investigado con más profundidad que cualquier otro periodista de farándula nacional.

Migoya sí que ha “currado” (chambeado para España) para escribir sobre estas mujeres, pues ni siquiera las ha conocido en persona. Ha analizado gestos, lenguaje corporal, declaraciones, pensamientos revelados (ya que dicen que los ojos son el reflejo del alma) e incluso la descendencia familiar de todas estas peruanas para llegar con acierto y sentido del humor cachoso y carretón, a explicarse por qué son (o somos) así.

El libro tiene mucho morbo: Migoya ha lamido, mordido, olido, espiado y gozado hasta el orgasmo fantasioso con todas sus protagonistas. Lo que sí es evidente es que algunas lo vuelven más loco que otras. El autor tiene sus preferidas, y no lo oculta. Con algunas conserva cierta distancia. Con otras lleva a cabo auténticos revolcones. Pero todas son en alguna medida sus heroínas personales marca Perú.

Me gustaría saber, y esto se lo preguntaré mas adelante en privado, que siendo yo una de sus fantasías del libro con la que más marca distancia, conservando conmigo un lenguaje mucho mas respetuoso o menos “mojado” que con otras, me tenga acá sentada entre sus 50 peruanas de bandera, como la única invitada a exponer… Luego me lo explicas…

Olenka durante la lectura de su texto en Librería Sur

Foto: Marco León

Hay algo de lo que no quiero dejar de hablar y es aquello por lo cual Hernán me simpatizó antes de conocerlo. No porque sea una de sus chicas de bandera —que claro, ¡gracias también!—, sino porque otra vez (y más aún porque siendo un extranjero y ajeno a esta sociedad), Hernán se ha percatado de la mala leche que sienten los propios peruanos entre sí. Si eres un personaje público esto le hace creer a muchos que tienen el derecho a faltarte el respeto y hurgar en tu ego con una minuciosidad pretendidamente académica.

Las redes sociales son un caldo de cultivo y una plataforma para los psicópatas virtuales que vomitan toda su no sé qué hacia las mujeres del espectáculo. Las desprecian, aunque no pueden vivir sin ellas. Están al acecho para atacarlas, pero una noticia sobria y sana no es capaz de suscitar el menor comentario.

Cuando leo alguna noticia por internet sobre cualquier artista extranjero de paso por el Perú (más aún si es mujer, actriz o modelo) me sorprende ver cuántos comentarios negativos y llenos de odio puede haber. Y al leer algo del mismo artista publicado en un medio perteneciente a otro país, los comentarios no son ni cercanamente tan negativos e insultantes como ocurre cuando son peruanos quienes comentan. ¿Por qué tanto encono contra las mujeres famosas en el Perú y entre peruanos?

Les jode igual que tengan talento o no, que sean cholas o rubias desteñidas como pavo hervido, les jode que sean chibolas o viejas, que sean feas o bonitas, escuálidas o gordas sin complejos, les jode que hablen sinceramente y mencionen las cosas como son, al pan, pan; al vino, vino; y a la mierda, mierda. En fin, si alguien sabe el porqué de tanta mala leche y falta de respeto gratuito hacia las famosas made in Perú, que me lo diga ahorita. Para mí viene de esa costumbre tan peruana de tomarse las cosas personalmente. ¿Por qué lo hacen? Yo tampoco lo sé. Según Hernán Migoya, en el caso específico de La Tigresa del Oriente y Wendy Sulca, las odian porque siendo de origen humilde, ellas “no van de víctimas”.

Hernán dice que percibe en la mujer peruana (y no habla sólo de las famosas) un déficit de autoestima y que algunos desalmados (nacionales) apenas las consideran personas. Me consta que dice la verdad. Entonces por algo esta frase sea tan popular: que el peor enemigo de un peruano es otro peruano… Y digo yo que si eres mujer, esto se pone exagerado.

Voy a terminar citando algunos fragmentos, dedicados a otras féminas, que me han gustado mucho por su sinceridad y que expresan lo mucho que este español admira a la mujer peruana más allá del solo hecho de mirarle las tetas y, como dicen en España, sus “buenos culos”. Él parece conocerlas mejor de lo que ellas mismas se alucinan: descubriendo verdades en todas; y actitudes, sutilezas solapadas y virtudes en varias. Nadie parece haberse percatado de sus cualidades. Por mezquindad o por flojera, la prensa peruana de farándula es demasiado superficial y boba. Hernán dice cosas que ningún periodista local ha escrito, con justicia y nobleza.

Y al mismo tiempo juega con su humor sarcástico y es el perfecto caballero al que se le sale la libido por las orejas. Durante toda la lectura es siempre el fan más afanoso con cada una de sus musas:

Tula es un chica de barrio, no me parece vulgar como otras vedettes y ex vedettes. Creo que si existiera una industria cinematográfica sólida, habría protagonizado ya varias películas de calidad. En Chicha tu Madre su rostro transmitía verdad. Para mí eso es lo esencial en un actor o actriz. Es una estrella desaprovechada”.

Otra famosa: “Tiene síndrome de juguete roto, de celebridad desastre, de huracán que arrasará con todo, incluido ella. Su carita es de niña dulce que pone morritos para que cumplas todos sus antojos, hasta que descubres que en realidad los pone porque no se quiere a sí misma: por eso se maltrata… (para terminar con este capitulo así): Amén, Angie, amén. Y que Dios te bendiga”.

Otro fragmento de otra famosa: “Se nota en Tilsa que rebaja adrede su inteligencia para ser aceptada por el mundo farandulero: pone cara de pícara bobita, sufre deslices textiles deliberados, se ríe haciéndose la tonta y, en el fondo, está pensando cuánto dinero le reportará estar soportando tanta pregunta imbécil de tanto conductor que, como ella, también se hace el idiota”.

De las preguntas imbéciles de rigor no nos salvamos ninguna, ni del conductor que piensa que en el Perú todos somos tarados menos él… Y como yo ya perdí la paciencia y nada gano haciéndome la tonta, prefiero marcar distancia valiéndome de mi cultivada antipatía, de la cual me siento sumamente orgullosa.

*Texto de Olenka Zimmermann, que leyó durante la presentación del libro
50 PERUANAS DE BANDERA el pasado 5 de agosto en la Librería Sur

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