Cholo soy y no me complazcas Viernes, 6 junio 2014

Quiero tirar con la Paisana Jacinta

Hernán Migoya

Escritor y guionista español. Ya está a la venta su nueva novela, "La flor de la limeña" (Planeta Perú).

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Mi muy admirada y respetada Paisana:

Le escribo con la sana intención de expresarle mi amor y deseo. Soy un escritor español residiendo en Lima y no he podido resistirme a sus encantos de seducción. Quiero decirle que me haría muy feliz tener un choque y fuga con usted, o tal vez un choque sin fuga, que dé lugar a una bonita historia de amor.

Para mí, digan lo que digan los demás, es usted una mujer hermosa (yo no creo en los postizos cánones estéticos impuestos por Occidente): su mirada me subyuga, su sonrisa me obnubila, sus mejillas coloradas ruborizan las mías. A mí no me importa que le falten algunos dientes ni que huela mal ni tampoco que no sepa leer ni escribir. Mi familia es de origen rural como la suya: antaño en mi pueblo muchos se limpiaban con piedras y hojas del campo, y yo no descubrí lo que era el desodorante hasta la mayoría de edad. Mi padre fue carpintero desde los doce años y compró su primera enciclopedia por correo postal, y gracias a su amor por la lectura, me contagió a mí de esa pasión, y por eso hoy me dedico a escribir y me gano la vida con ello. Pero la bondadosa humildad de mis padres, y la suya, Paisana, me han enseñado que la cultura no siempre tiene que ver con los libros. Hay gentes que han leído mucho y son tremendamente incultas… y crueles: porque no saben mirar la cultura de otras gentes y son irrespetuosas con los gustos ajenos.

A mí me gusta que sea usted tal como es: risueña, divertida y con mucha calle. Me gusta su franqueza, tan difícil de hallar en ámbitos más “ilustrados”, y que siempre sea usted quien se termina riendo de todos. Y me encanta cómo eso molesta a ciertos caballeros y damas que al parecer huelen a Chanel n° 5 desde el mismísimo vientre materno.

Denoto cierta soberbia en algún que otro limeño que aboga por acabar con usted. Nunca me ha gustado que nadie me diga qué debo ver o qué no, y mucho menos a quién. Si piensan que es usted símbolo de algo malo, que creen otros símbolos de lo que ellos piensan que es bueno. Que les den voz (ellos que tanto hablan en nombre de los demás) a los que no tienen voz. Pero no se puede corregir lo que consideran un error con otro error. Hasta tipos convencidos de que habría que prohibir los cómics y pelas de superhéroes (por imponer un modelo superior de ser humano y combatir con la fuerza) he oído yo y, en su momento, nos hubiesen podido embaucar a todos. Todo moralista cree ser razonable a la hora de coartar y prohibir, porque está convencido de que lo hace por nuestro bien.

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Permítame ahora confesarle sin pudor que yo no creo en las razas, creo en las personas. Y el Perú me enamora por sus personas y su capacidad de reír, precisamente. Desde mi primer viaje a este hospitalario país, he tenido la fortuna de estar en diferentes puntos de su territorio, como Pucallpa, Tingo María, Piura, Huancabamba, Cuzco… Y me alegra mucho poder decirle que el único lugar donde me trataron mal fue una vez en la capital, ya que me asaltaron una noche… Los individuos que me apuntaron con sus pistolas no olían mal: pero oler bien, como sabe usted, no es garantía de nada cuando se trata de la moral personal, que no tiene mucho que ver con la higiene.

Entre la gente que la acosa y quiere lincharla a la vista de todos se encuentran muchas personas de buenas intenciones, sinceras, inteligentes y que abrigan un miedo muy legítimo a que el racismo nunca sea extirpado de este país. Pero también esgrimen esa bandera de la “limpieza cultural” un montón de hipócritas y esnobs.

Me dicen que usted atenta contra la dignidad humana de muchos ciudadanos desfavorecidos. Me hace gracia que para varios de estos señores la dignidad humana sea PARECERSE a ellos: ir en terno occidental, admirar primero lo anglosajón que lo propio, pensar como piensan ellos, leer lo que leen ellos… oler como ellos. ¡Y opinar igual!

Muchos son artistas, además, y han hecho pública su resolución de acabar con usted: si alguien tratase de amordazar sus propias voces, pondrían el grito en el cielo denunciando un intento de censura, porque ningún artista piensa que su arte es malo… ¡pero en su caso, Paisana, no les importa pisar sus derechos, ganados con las risas obtenidas de tantos y tantos de esos ciudadanos desfavorecidos del pueblo peruano! Claro que el pueblo sólo es pueblo cuando opina o hace lo que a ellos les gusta.

Quieren matarla y enterrarla en el ataúd de sus malas conciencias.

El pueblo peruano acabará con el racismo. Tarde o temprano lo conseguirá, porque estamos abiertos al mundo entero. Acabar con el CLASISMO le costará más. Un clasismo que, curiosamente, es lo que mueve a tantos al pretender marginarla a usted y eliminarla de la cultura popular con impunidad. Creo que, en el fondo de todo, subyace un disimulado temor a reconocer los prejuicios internos de la clase privilegiada.

Porque hay algunos de estos “antirracistas” de salón que a la primera copa me preguntan cómo soy capaz de viajar en combi, cuando “huele a poto”; a la segunda, empiezan a llamar orangután a quien le parezca más oscuro que él; a la tercera, ya me sacan sus credenciales de antepasados de la nobleza española con el orgullo rompiendo el vidrio de sus ojos.

Yo no sé quiénes fueron mis bisabuelos, Paisana. Probablemente unos porquerizos que se quedaron en su tierra natal. Por eso no me impresionan antepasados ilustres, blasones en la pared ni medallas al cuello.

Yo le propongo que, de serle mi persona de su agrado, vivamos un intenso romance y, si de nuestro idilio prende la mecha, formemos un nido y criemos nuestros hijitos. Y si algún niño de su edad se burla de ellos por tener la encantadora mamá que tienen (aunque sería mucho más lógico que se burlasen por tener tal papá), acudiré yo mismo a su casa para exigir que el padre le dé a su hijo la reprimenda que se merece. Y si el padre no se la da, le daré yo algo más que una reprimenda al padre.

Quiero tirar con usted, adorada Paisana Jacinta, porque me enamoran las mujeres con sentido del humor. Y eso a usted le sobra.

Si usted acepta mi propuesta, viviremos una bonita experiencia y habremos roto una lanza en favor del sentido común y la convivencia entre IGUALES.

Porque nunca podrán censurar nuestro amor.

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Fotomontajes de Claudia Cárdenas

Hernán Migoya

Escritor y guionista español. Ya está a la venta su nueva novela, "La flor de la limeña" (Planeta Perú).
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